Dr. René Favaloro: Biografía – *Castellano

Dr. René Favaloro: Biografía – Castellano

Un proyecto presentado ante el Honorable Congreso de la Nación Argentina solicita una reparación histórica para el recordado cardiocirujano y propone, que en su memoria, se instituya el ‘Premio Dr Favaloro al Héroe Humanitario’

Favaloro ESCRITORIO ByN -
Dr. René Gerónimo Favaloro

 

12 de julio:                                                                                                                                                         Un día como hoy, pero de 1923 nacía en  el barrio El Mondongo, de la Ciudad de La Plata, el  doctor René Gerónimo Favaloro. Hijo de un artista, más ebanista que carpintero, y una modista se  formó en una cultura de valores. Ya a sus cinco años manifestaba su deseo de ser médico, según lo contaba su madre. Se había encariñado con Arturo, un tío paterno, único universitario de la familia hasta  entonces, con quien pasaba algunos días en vacaciones y acompañaba en las visitas a domicilio que éste  realizaba en su condición de médico. Ayudaba a su padre en la carpintería y aprendía de Don Davagnino  el manejo de las gubias. Años más tarde escucharía al profesor Christman decir: “para ser un buen  cirujano hay que ser un buen carpintero”.

       Por circunstancias que le atribuía al destino, ni  bien terminó su formación profesional se fue a Jacinto Aráuz, un pequeño pueblito de La Pampa a ejercer la medicina rural. Creía poder perfeccionarse allí, alejado del confort, donde en invierno las temperaturas oscilaban entre los -10° y -12°, y pasada la 1 de la madrugada ya no había luz eléctrica. Se granjeó su porvenir. Atendió en un precario consultorio perteneciente al único médico del pueblo, hasta abrir el propio, y hacía ‘salidas al campo’ para visitar a sus pacientes. Había ido por un reemplazo de tres meses, se quedó 12 años.

       Tiempo después pudo instalar una modesta clínica, y comenzó a realizar intervenciones quirúrgicas con la ayuda de Juan José, su hermano, y llegó a conformar ‘un banco de sangre viviente’ con la activa participación de los pobladores a los que clasificaba por grupo y factor. Creó un plan sanitario, tarea en que era asistido por madres, comadronas, maestros, y tenía como meta difundir conocimientos para combatir la diarrea estival a la que logró derrotar, y llevar el índice de mortalidad infantil al 0%.

       Sabía que ese no era su lugar definitivo, y creía estar preparado -tal como se lo habían dicho- para empresas mayores. Pensó en viajar a EEUU a especializarse. Partió un día en 1962 con un precario inglés, una recomendación del profesor Mainetti, y unos pocos ahorros con los que su mujer y él deberían sobrevivir durante el aprendizaje. El destino la ‘Cleveland Clinic’, en Ohio. Pasó de ser un cirujano con cientos de operaciones en su haber a un ‘camillero de lujo’, según confesaba. Debió revalidar su título, adaptarse, y con esfuerzo, por fuera del tiempo laboral decidió estudiar las historias clínicas de cientos de pacientes, para poder hallar un método que fue revolucionario: ‘el bypass aorto- coronario’. Valoraba la libertad del centro asistencial que le permitió proponer una nueva maniobra quirúrgica que sorprendió a médicos del planeta, con la que a través de su desarrollo derrotó a la muerte. Su método salvó a 800 mil personas por año en todo el mundo, desde el 9 de mayo de 1967.

      Favaloro, el médico argentino, ‘la promesa del futuro’ del barrio El Mondongo de La Plata, había triunfado. Fue portada en los diarios del mundo por su hazaña médica y tuvo la satisfacción de representar al país y destinarlo a un lugar de liderazgo y excelencia. Supo que entonces debía volver a Argentina para encarar, en el último tercio de su vida, sus objetivos: medicina asistencial, docencia e investigación, y así rendir culto a su bandera. Vivía ‘machimbrado’ con su tierra. Decía: “El día que no tenga desafíos por delante dejaré caer el bisturí”. Se enfrentó a su mayor reto: proponer un programa sanitario que llevara a nuestra Nación a un lugar destacado, de vanguardia mundial.

      Además de ser el único médico argentino que figura en la historia médica de los Estados Unidos, fue reconocido como una ‘Leyenda del Siglo XX’, ‘una de las cinco Leyendas del Milenio en cirugía cardiovascular’, y ‘un héroe mundial que cambió parte de la medicina moderna y revolucionó la medicina cardíaca’ como lo consideraba The New York Times, en 1992. Recibió decenas de premios de todos los países del mundo. Tal vez uno de los más salientes, el otorgado en 2006, en forma póstuma, por parte de la Unión Astronómica Internacional (UAI), al imponer su nombre a un asteroide, el  5077, que recibió el nombre de ‘Favaloro’ como tributo científico por su ‘aporte a la humanidad’.

       Se desempeñó en el ex Sanatorio Guemes, mientras en 1978 con la ayuda de Ángel Peco y la Sociedad Distribuidora de Diarios, Revistas y Afines construyeron el edificio de ‘Investigación de ciencias básicas’. Más tarde en 1992 pudieron abrir el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, –“una institución de la comunidad, para la comunidad, sin dueños y sin fines de lucro”– recalcaba, y en 1998 su universidad.

       Luchó con la burocracia. Rechazó nombramientos políticos de los que recibía un ofrecimiento permanente. Se negó a ser ministro de salud, diputado, senador y hasta vicepresidente de la Nación. Había realizado un ‘Juramento Hipocrático’ que quería honrar hasta sus últimas consecuencias, y confeccionó un decálogo de principios éticos que debía regir en su institución. Escribió infinidad de trabajos sobre cardiología y cirugía cardiovascular, y varios libros. Logró la realización de un congreso de su especialidad con asistentes de los cinco continentes que concurrían ante su llamado. Trató de demostrar que se podía, negándose una y otra vez a la sempiterna corrupción. Resistió. Le quitaron el subsidio asignado por el Estado nacional, que había sido votado por el Congreso para poder ‘atender a todos’, incluidos los indigentes. Pasó a tributar impuestos, sin excepción. Sufrió ser ignorado por el Estado y luchó en soledad, sin que se entendieran su claro objetivo patriótico, ni el aporte que realizaba a la medicina social argentina, razones de sus esfuerzos y desvelos.

       Favaloro se había convertido en un hito mundial, un ‘libertador médico’ por haber formado a   más de 400 cardiocirujanos, sólo en Latinoamérica. Decía con el orgullo del deber cumplido: “desde México hasta Ushuaia no hay lugar que no tenga un especialista formado en nuestra institución”.

       A ese gigante de la medicina mundial, Argentina lo ignoró en una de sus peores tragedias recientes: la crisis económica del 2000. Todos los honores dados por el concierto de países del mundo no alcanzaban para compensar la desazón de haber errado en la proyección de su gran obra: contribuir a una ‘medicina social’ que volviera a hacer de la asistencia pública un lugar central. Quería y podía hacerlo, pero ‘no sólo’. Llegó a confesar que sentía ‘haberse convertido en un mendigo’. Esta vez,   sin que nadie leyera alguna de las casi 400 cartas que envió al solicitar ayuda para su institución, ya vencido ‘dejó caer el bisturí’. El 29 de julio de 2000 Favaloro se disparó en el corazón, en un acto que contenía un último llamado a la sociedad argentina para que tomara conciencia del lugar al que destina a sus investigadores y científicos. Su partida fue tan emblemática como su vida.

      La muerte de Favaloro generó conmoción. Logró poner en evidencia el claro divorcio que había entre los ciudadanos del país y sus representantes: Estado y autoridades. En ese clima, y sin que nadie pudiera dar crédito a la noticia que recorrió el mundo, transcurrieron días enteros sin que mediara una explicación oficial que intentara encontrar una justificación para el desamparo. Y cómo darla…!!!  Los éxitos tienen siempre padres políticos. Los fracasos, no. ‘La derrota es huérfana’.

      Pasaron 15 años. Favaloro sigue vivo en el recuerdo popular. Las encuestas reflejan que es elegido como uno de los hombres más queridos y respetados de Argentina, ‘emblema de honestidad’. Algunos dirigentes aún callan en una clara señal de respeto, vergüenza o culpa, por la pérdida del referente más lúcido que dio la medicina del último siglo, con el que el Estado pudo contar. Favaloro pudo cambiar parte de la medicina contemporánea. No, el sistema. No pudo con la corrupción.

      Recientemente, se presentó en el Congreso de la Nación Argentina un proyecto que propicia una reparación histórica, que reivindica un necesario ‘homenaje’. Solicita la institución del ‘Premio Dr. René Gerónimo Favaloro al Héroe Humanitario’, y propone que en su memoria sea entregado a aquellos que hagan del prójimo un destino permanente y de la ‘solidaridad’ una bandera. Acaso sea apelar a sus valores más preciados: ‘patriotismo y solidaridad’. Los pueblos eligen a sus referentes.

      Tal vez sea una de las mejores maneras de recordarlo. Destacar la labor que realizan figuras como Juan Carr, Margarita Barrientos, el doctor Abel Albino, y tantos otros anónimos que tejen la trama de la solidaridad, enseñan a vivir en ‘una cultura de valores’, y promueven el compromiso social.

      En Argentina el espíritu comunitario se renueva como una guía. Miles de médicos y científicos en la República que bregan por curar, investigar, enseñar y salvar vidas, sienten que al honrar a Favaloro el Estado con reconocimiento ‘les reasigna su lugar’. Es tiempo de recuperar la esperanza. Si se devuelve la mirada a nuestros hombres de ciencia, se puede recordar a eximios sanitaristas como los doctores Laureano ‘el otro’ Maradona, Guillermo Rawson, Ramón Carrillo, Arturo Oñativia, Abel Albino, y Favaloro, entre tantos otros.

      Se escuchan las voces populares que en un acto de justicia claman: ¿Favaloro? PRESENTE’!!! … repiten: ¿Favaloro? PRESENTE !!!,…y vuelven a repetir ¿Favaloro? PRESENTE !!! y es el turno  de que los representantes ‘sepan escuchar’. Sólo con espíritu de reconocimiento, y una ‘dignidad que  honra al reparar injusticias’ se festeja el merecido… ‘Día Nacional de la Medicina Social’.-

Guillermo Daniel Balbi / Periodista                                                                                         Buenos Aires, República Argentina 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s