Fundamentos de la solicitud de institución del ‘Premio Dr René FAVALORO al HÉROE HUMANITARIO’

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Este texto es copia fiel de la fundamentación presentada ante el diputado nacional, Dr. Federico Pinedo.

El siguiente enlace contiene la dirección web en donde figura el documento firmado y presentado por el diputado Dr. Federico Pinedo ante la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación Argentina, para su estudio y posterior aprobación.  http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=5513-D-2014                                                                                                                —————————————————————————————————————————-Año 2017 -Se volvió a presentar-

Característiscas, datos, y fundamentos de la presentación:
PROYECTO DE LEY

Iniciado en: Diputados Expediente Diputados: 0330-D-2017
Publicado en: Trámite Parlamentario N° 3 Fecha: 05/03/2017
INSTITÚYASE EL PREMIO NACIONAL “DOCTOR RENÉ GERÓNIMO FAVALORO AL HÉROE HUMANITARIO”.

Firmantes:
-Schwindt, María Liliana – Buenos Aires – Federal Unidos Por Una Nueva Argentina

-Ehcosor, María Azucena – Buenos Aires – Federal Unidos Por Una Nueva Argentina

-Litza, Mónica Edith – Buenos Aires – Federal Unidos Por Una Nueva Argentina

*Giro a comisiones en Diputados:
-Comisión: ACCIÓN SOCIAL y SALUD PÚBLICA /
-Comisión:PRESUPUESTO y HACIENDA

Texto completo de la presentación del proyecto ante las cámaras:  http://www.hcdn.gob.ar/proyectos/textoCompleto.jsp…

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FUNDAMENTOS:

Dr. René Gerónimo Favaloro: la trayectoria de un gigante                                      De Médico rural a ‘Héroe Humanitario’

Una necesaria reparación histórica

Premios y castigos: esencia de la Democracia 

      En la historia de los países del mundo, los regímenes democráticos de todos los tiempos se han sostenido a partir de la firme convicción mayoritaria de que la‘Democracia’ es el más equilibrado de los sistemas políticos, y el que menos injusticias comete para con el pueblo: el soberano. En su concepción toma valores sociales superiores como ‘Libertad, Fraternidad e Igualdad’. Establece un común y equitativo punto de partida en aspectos básicos y necesarios para el individuo en sociedad, como: Salud, Educación, Justicia, y Seguridad, por los que el Estado debe velar. Son bienes esenciales a la hora de asegurar idénticas oportunidades de desarrollo a los habitantes de una nación.

      Es así que el llamado ‘régimen de premios y castigos’ se inserta en la vida pública y, mientras el Estado regula lo común y sanciona lo ilegal, debe estar atento en ‘estimular y premiar’ las acciones privadas de los hombres que son fruto del individual esfuerzo, pero que por su carácter descollante benefician al conjunto, y enorgullecen a toda una comunidad.

      Los logros excepcionales que suelen tener simples ciudadanos son mirados popularmente con valoración, y más tarde se convierten en un parámetro social: uno más de los ejemplos o ‘modelos dignos de imitar’. Es allí entonces, que frente a un hecho público el ‘Estado’ se debe pronunciar.

      Argentina ha tenido muchas figuras sobresalientes en sus últimas décadas. Abarcaron las más diversas disciplinas. Desde la ciencia y tecnología, pasando por el arte y hasta el deporte, el país ha ocupado destacados lugares internacionales de la mano de alguno de sus hijos. Varios ‘Premios Nobel’ producto de verdaderos pioneros del quehacer científico se alternaron con hazañas de las más variadas ramas deportivas, sin dejar de ocupar lo artístico, como el cine, las letras y otras manifestaciones, su lugar.

      Sin embargo, tanto en el proceder humano como en las acciones de un país se cometen errores, algunos que por su temperamento rozan las grandes injusticias. Es la historia argentina reciente quien nos advierte de una ‘verdad instituida’ en el inconsciente colectivo de sus habitantes, al respecto del trágico final del Dr. René Gerónimo Favaloro, quien se suicidó pegándose un balazo en el corazón al sentirse derrotado por ‘un estado de corrupción’ que ignoraba su esfuerzo y las necesidades de la obra que con orgullo llevaba a cabo.

      Era una eminencia médica, investigador, docente, y sobresaliente cirujano que con la técnica del by-pass aorto coronario revolucionó la medicina contemporánea, y generó un‘hito histórico’: un antes y un después en esa disciplina, que le valió ser reconocido como el ‘padre de la cardiología y cirugía cardiovascular’.

      Fue un gran ‘humanista médico’ admirado mundialmente, y cuya falta de valoración en Argentina, aún sorprende. A su suicidio lo condujeron un gobierno que no pudo “controlar” los desaguisados del P.A.M.I, y un Estado indiferente a los logros científico-médicos, que no reconocía en hechos su lucha, ni a la fundación que presidía, entre otros, el dinero adeudado por la atención de indigentes.

      El suicidio del Dr. Favaloro generó consternación en Argentina y en el mundo, sentimiento que sólo era superado por la incredulidad que se reflejaba en la comunidad médica y científica internacional ‘al no entender la falta de asistencia del Estado Argentino para con su acción de vanguardia’. 

      En las cartas que explicaban los motivos de su decisión final decía sentirse derrotado por un Estado al que la ‘medicina social’ le era ajeno. ‘Confesaba haber llegado a sentirse un mendigo’, al golpear puertas en busca de ayuda, sin respuesta oficial. Había resignado ganar una fortuna fuera del país.

      Refería a sus pacientes como “almas con cuerpos enfermos” -el paciente universal-. Creía en una medicina que mira al hombre sin status, ni raza, ni religión. Aquella que había aprendido a amar en Jacinto Aráuz, un pequeño pueblito de La Pampa, en donde luego de una ardua labor llevó la mortandad infantil al 0% (para sorpresa de las autoridades). Dedicó su labor y su vida al servicio de un ideal. Esperó que su muerte tuviera una verdadera interpretación. Denunciaba la indiferencia de los gobiernos para con su ámbito: “el sistema de salud social”.

      Más allá de todos los valores que tuvo como ser humano y médico (aquella frase que acuñó: “Ciencia y humanismo médico”), tuvo por sobretodo ideales. Renunció al ofrecimiento del pago de dos millones de dólares anuales para quedarse operando en EE.UU. Tenía una meta: Un servicio de alta especialidad en Buenos Aires, que atendiera las necesidades. Sabía que le esperaba una dura labor. Financió incluso de su bolsillo parte de la obra, en sus comienzos. De ahí en más, su hallazgo salvaría a 800.000 personas por año en el mundo, intervenidas con su técnica.

       En el texto de su renuncia hacía mención a ello: *“Como usted sabe, no existe cirugía cardiovascular de calidad en Buenos Aires. Los pacientes se van a diario a San Pablo, o a los Estados Unidos. Algunos tienen suficiente dinero para viajar, pero otros deben realizar tremendos esfuerzos económicos (un paciente tuvo que vender la casa). La mayoría no puede siquiera pensar en venir. Mueren lenta pero inexorablemente sin acceder al tratamiento adecuado”. “Voy a dedicar el último tercio de mi vida a levantar un Departamento de Cirugía Torácica y Cardiovascular en Buenos Aires”, … donde pueda entrenar a cirujanos para el futuro”. 

         “Créame, yo seré el hombre más feliz del mundo si puedo ver en los años por venir una nueva generación de argentinos que trabajen en distintos centros del país resolviendo los problemas a nivel comunitario y dotados de conocimientos médicos de excelencia”.

         “Yo sé de todas las dificultades que afrontaré porque ejercí la profesión anteriormente en la Argentina. … Yo sé que estoy emprendiendo un camino dificultoso. Si no aceptara liderar ese Dpto. en Buenos Aires, viviría el resto de mi vida pensando que soy un buen h. de p.; Mi conciencia me diría constantemente: Elegiste el camino fácil”. 

       Tenía dos sueños. Uno, lograr abrir un servicio de vanguardia que atendiera las necesidades de su especialidad en Argentina. Otro, capacitar a médicos de toda América Latina. Cumplió ambos. Logró conformar la Fundación Favaloro, lugar al que a diario asisten pacientes de todo el mundo para intervenciones complejas: transplantes, y by pass, entre otras. Poco después, inauguró la Universidad Favaloro que capacitó, desde su apertura, a cientos de médicos que ocupan hoy los lugares más destacados en su especialidad. Decía, con la alegría del deber cumplido: ‘Desde México hasta Ushuaia no hay país que no tenga graduados de nuestra fundación’. Los pacientes ya no debían mirar a EE.UU. como única respuesta posible a sus intervenciones. Favaloro se convirtió en un ‘Libertador médico’, galardón que sólo su humildad lograba disimular.

       Supo reunir en su fundación la atípica combinación de ‘excelencia científica’ y ‘humanismo médico’. Creó en su obra el ‘decálogo del buen médico que respetó y obligaba a cumplir’. Era en esencia el símbolo de la ‘medicina social’, rasgo característico de un país que tradicionalmente hizo gala del ‘Hospital público’ como institución, y que el poder de turno distraído, llegó a olvidar.

       La gran mayoría de la ciudadanía lamentó y hasta lloró esta profunda pérdida porque Favaloro era un emblema: ‘representaba a la cardiología y cirugía cardiovascular universal con brillantez’, lo caracterizaba el ‘humanismo médico’, y se destacaban tanto ‘su ética, como su patriotismo y compromiso solidario’.

       La inequívoca sabiduría popular suele decir ‘lo dejaron solo’, sin reparar que además de haber sido considerado una eminencia médica por el concierto de naciones del mundo,intentaba desde su obra asistir a pobres y ricos, tuvieran o no obra social. Era el médico de todos. También el de los indigentes, cosa que el Estado le impidió negándole los recursos para hacerlo. Temía que se pusiera una faja de clausura en la puerta misma de la institución, que con el esfuerzo de años de despertar conciencias para su gesta, y sacrificios, había logrado construir. El  gobierno de aquel momento estaba ausente, y al no asistir al Dr. Favaloro y la fundación que presidía le indicó, por acción u omisión, que ‘el sentido de su esfuerzo llegaba hasta el fin’.

       Su muerte fue emblemática. Su suicidio era una denuncia en sí misma que ponía en evidencia que el mensaje del Estado sentenciaba a toda la comunidad científica local y los confinaba a la apátrida inexistencia, y no daba cuentas de concientización de la labor que cumplen nuestros científicos, a quienes se debe reconocer con‘valoración’, y con ‘partidas presupuestarias’ que posibiliten el desarrollo de la investigación.

       A juzgar por la voz popular, el país está en deuda con Favaloro y debiera realizar un acto de ‘reparación histórica’. Fue nombrado “Maestro de la Medicina” en 1986 y, post-mortem “Médico del año”, a diferencia de otros países en que se lo proponía como Premio Nobel de la Medicina. En Tailandia, Su Majestad el Rey lo condecoró con el “Premio Príncipe Maihdol”, y en Israel (1980) la Universidad de Tel Aviv creó en su homenaje una cátedra que lleva su nombre, por mencionar algunos ejemplos.

       Este gigante de la medicina mundial, fue premiado en todo el mundo, y en Argentina recibió varias distinciones de sus pares, además de haber sido declarado Ciudadano Ilustre en La Plata, -su ciudad natal- y en la Ciudad de Buenos Aires, pero no tuvo el reconocimiento que su vida, trayectoria y obra merecían.

       Es el turno de una democracia consolidada quien advierte la necesidad que tiene la ciudadanía de afirmar los pasos de sus hijos de ciencia, y de que el Estado cumpla con sus funciones al otorgar los premios merecidos para quienes se destacan en cada disciplina. Más aún, cuando con ello se genera un mensaje que refleja ‘una política de Estado’, que da reconocimiento, respaldo, y contención a quienes investigan, curan y enseñan, que corrige la ausencia de rumbo de otros tiempos. Al buen accionar que se lleva a cabo hoy desde el gobierno nacional a través del Conicet se le debe sumar la memoria y su mirada histórica pendiente, ya que con eso ‘se pronunciará una nueva y definitiva identidad’ que marque el aliento a nuestra Argentina, la de ciencia.

       La ‘reflexión introspectiva’ expresa una de las mejores condiciones humanas, tanto como la ‘reparación histórica’ un sello distintivo en la dirigencia de un país, que consciente de una arbitrariedad ocurrida, ‘debe enmendarla’ con actos pertinentes, merecidos, y siempre ‘bienvenidos’. Son esos pequeños grandes gestos, que dan cuenta de la procura de equidad, ennoblecen y devuelven a la grandeza.

       La figura del Dr. René Favaloro merece esa revisión, y es el ‘Estado’ que conformamos todos quien se debe pronunciar para que sus autoridades atentas, la lleven a cabo. Debemos conservar las fórmulas de lo bien realizado, y ‘admitir con dignidad, autocrítica, y capacidad de corrección los errores cometidos’.

       René Favaloro fue un hito a través del cual se lucían muchos gobernantes de turno. Un ciudadano que con su sola buena imagen generaba réditos políticos para quien se le acercase. Así se le ofrecieron una y otra vez distintos cargos públicos que rechazó siempre. Era médico y sentía que era desde su lugar como mejor podía ayudar al país. Así lo hizo. Con principios. Con patriotismo. Vivió fiel a sus convicciones patrióticas, respetando la letra del Himno Nacional que dice: ‘O juremos con gloria morir’. Así murió.

       Un país se construye con aciertos y errores, algunos garrafales. Sea la memoria entonces, la que nos lleve a enmendar nuestros yerros y construir una patria con grandeza. Esa que debemos tener para admitir equivocaciones. Aquella que nos enaltece al reparar grandes injusticias. La que nos devuelva al proceder justo.

       Que sea este tiempo el más indicado para premiar a nuestros científicos y médicos, abrirles camino con un claro mensaje, y al hacerlo reivindicar al Dr. Favaloro, considerado por el mundo ‘una leyenda del siglo XX’,y un ‘Héroe de la Humanidad’, como era llamado por un prestigioso diario de Estados Unidos en 1992. Un verdadero patriota que Argentina no supo, o no pudo ver a tiempo.

       Quizás, el mejor halago que escuchó el Dr. Favaloro en EEUU fue: “La Cleveland Clinic debiera llamarse la Favaloro Clinic”, palabras que con valoración pronunciaba una de las máximas autoridades de esa institución, al reconocer el liderazgo, profesionalismo, y aporte científico universal del gran médico argentino.

       Es tiempo de que se escuchen las voces de todo un pueblo que recuerda con memoria, y que al igual que en todo el mundo se reconozca el patriotismo de este ilustre argentino. Resaltar su vocación de servicio,y  su grandeza, y al justipreciar ‘su enorme estatura patriótica’ sentir como pueblo merecer la nuestra. Favaloro aún hoy ‘duele’,tanto como las grandes injusticias. Fue un cultor de la solidaridad, del esfuerzo, de la lucha por los ideales que superan dificultades y progresan con hechos, derribando a menudo intereses mezquinos, y grandes vanidades personalistas llenas de mediocridad, y vacías de bandera. Fue un ciudadano ejemplar que respetó desde el ‘Juramento Hipocrático’ hasta ‘su compromiso con la patria’, resignando el beneficio personal. Fue ese ‘modelo de deber’ que siempre se alienta a seguir y es infrecuente encontrar: ‘el que rompe el conjuro de la utopía, y la convierte en realidad’.

       Argentina debe ‘con dignidad’ aprender a capitalizar sus errores del pasado. Hay pérdidas humanas irreparables que sólo nos dejan una única enseñanza: “desconocer nuestra historia es repetirla”. Todos hacemos Argentina. También por lo científico debemos velar como un pueblo con memoria, que aprende de sus errores y pérdidas. Favaloro ya no estará más, pero aprendamos a cuidar a quienes con esa vocación lo sucedan. No hacerlo nos cuestionaría nuestra idiosincrasia. Nos devolvería a una lección que pareciera todavía no hemos aprendido, y estaríamos como pueblo aún, sin poder elaborar.Ya una vez, la historia cuenta que dimos la espalda. Corrijamos nuestros pasos y abramos los brazos para todos los ‘Favaloro por venir’. Hacer realidad el aliento a la investigación y docencia es el mejor tributo a rendirle. Es proyectarlo en sus discípulos. Es hablarles a quienes siguen sus pasos, con una misma identidad.

       Ante el pasado, la voz popular recuerda orgullosa el ‘Corazón universal del Dr. René Favaloro’,clama al unísono con el concierto de naciones del mundo, y lo reconoce como a:Un Héroe Humanitario’.

       En esta Argentina joven, de aprendizajes permanentes, que debe indefectiblemente reafirmar su esquema de valores, Favaloro fue un ejemplo: la expresión más visible de un‘patriota médico’ y un gran humanista.

       Los principios rectores de un país que también aspira con grandeza a desarrollar su ciencia pujan por manifestarse. Es la voz de la historia quien se pronuncia orgullosa con su sentencia: Gracias y “Perdón,  Dr. Favaloro, y grita en forma sabia revocando una vieja sordera:…Ya ‘Nunca Más’ indiferentes a los PATRIOTAS de NUESTRA CIENCIA”!

       Atento a esa filosofía, el Honorable Congreso de la Nación Argentina sancionó el 23 de mayo y promulgó el 14 de junio de 2002, por Ley 25.598, al 12 de julio como el ‘Día Nacional de la Medicina Social’ en conmemoración al natalicio del Dr. René Gerónimo Favaloro. Si bien es cierto que se lo recordó tangencialmente, no se hizo expresa mención a su labor, transcendencia que podría tener para nuestra ciudadanía la institución de losPremios Dr. René Gerónimo Favaloro al Heroísmo Humanitario’, y que este galardón sea entregado a simples ciudadanos cuyas acciones se destaquen por su vocación comunitaria, refleja en actos de ‘solidaridad y altruismo’. Bastaría citar varios ejemplos. Acaso uno de los más próximos y difundidos sea la labor que lleva adelante el Dr. Abel Albino con la ‘Fundación Conin’ -Cooperadoras de Nutrición Infantil, o Margarita Barrientos con el ‘Comedor Los Piletones’ que hacen de la necesidad del prójimo un destino permanente y del ‘compromiso social y solidaridad’: ‘una bandera’.

       La comunidad científica internacional distinguió al ‘padre de la cardiología’ de variadas maneras. Tan sobresaliente fue su obra que incluso le fue otorgado en 2006 por parte de la Unión Astronómica Internacional (UAI), -órgano que define los nombres de planetas y otros objetos celestes, y estándares en astronomía- su nombre a un asteroide, el 5077. El planeta menor descubierto en la estación astronómica Dr. Carlos U. Cesco de la Universidad Nacional de San Juan, el 17 de junio de 1974, recibió así, más de 30 años después, el nombre de ‘Favaloro’ como tributo científico por su ‘aporte a la humanidad’.

       Los médicos argentinos que trabajan en organizaciones internacionales como ‘Cruz Roja Argentina’ o ‘Médicos Sin Fronteras’, con solidaridad mundial, acuden ante desastres naturales, y entregados abnegadamente a su labor permanecen al lado del paciente, a veces a la intemperie, en fiel cumplimiento del ‘Juramento Hipocrático’. Ahí, en el terreno más adverso, donde surgen las horas más duras de entrega por ‘el prójimo’ y las fuerzas flaquean, es cuando buscan en la estrella del Dr. René Gerónimo Favaloro una guía, la de un verdadero patriota médico argentino, que desde todos los cielos reafirma el humanitarismo ante al ‘paciente universal’, y Argentina frente al mundo, a través de sus ‘embajadores médicos’ vuelve a destellar.

       Suele escucharse un viejo refrán que dice: “Nadie es profeta en su tierra”. Además del concierto de buena parte de naciones del mundo, el cielo también valoró la obra del Dr. Favaloro y se pronunció. La astronomía da cuentas de que a juzgar por el  Satélite Favaloro: el universo lo distinguió’. Con la luz de su estrella, Favaloro y su humanismo llevaron a nuestra Bandera Argentina al firmamento y desde todos los cielos del mundo……. nos enorgullece verla brillar!!!.-

Guillermo Daniel Balbi  / Periodista

 

Fuentes:                                                                                                                                           ‘Recuerdos de un médico rural’ / René Gerónimo Favaloro                                             ‘De La Pampa a los Estados Unidos’ / René Gerónimo Favaloro                                   ‘Diario La Nación’

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2 comentarios en “Fundamentos de la solicitud de institución del ‘Premio Dr René FAVALORO al HÉROE HUMANITARIO’

    1. Gracias por luchar por este gran reconocimiento del Dr. Rene Favaloro,, no solo por su labor cientifica la cual fue “Exelente”, sino tambien por que fue ‘Generoso, humilde , humanitario y por sobretodas las cosas un Gran Maestro..El si que amaba a nuestra querida Argentina.
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      .

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